Nada que no desees

Roberto no quería sentir y, mucho menos, enamorarse. Permitir que alguien llegase a su corazón, podría tener consecuencias desastrosas. Pero conoció a Tessa, y lo que consideraba válido, empezó a dejar de serlo. Sus ideales se agrietaron y se asustó, porque cuando estaba con ella, cualquier cosa era posible.

A Tessa, su parte analítica, le dijo que Roberto no era de fiar. Aun así, después de un par de encuentros fortuitos, una cita que no era tal cosa, y otra que sí, aceptó cenar en su casa. Y se enamoró. Pero se sintió engañada, y se juró que jamás volvería a ser tan tonta.

Después de aquella noche, los dos hicieron todo lo posible por evitarse. Aunque ya se sabe, el destino, aparte de caprichoso, puede llegar a ser muy cínico, y los volvió a juntar. Solo que esta vez, se aseguraría de que los acontecimientos fueran fieles a sus planes.